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Salud Mental en la era digital: El Tecnoestrés como un posible Riesgo Psicosocial.

29 de mayo de 2026

La digitalización del trabajo ha traído consigo beneficios innegables: mayor conectividad, acceso instantáneo a la información, flexibilidad geográfica y nuevas formas de colaboración que hace dos décadas habrían parecido imposibles. Sin embargo, este mismo proceso ha generado una nueva categoría de riesgos para la salud mental. El tecnoestrés uno de los más relevantes y menos gestionados.

El tecnoestrés es una respuesta psicológica causada por la incapacidad de afrontar la introducción y el uso de nuevas tecnologías digitales, y se ha relacionado con reacciones de estrés biológico medibles que incluyen alteraciones fisiológicas, psicosociales y organizacionales. No se trata de un malestar pasajero ni de una sensibilidad individual frente a las herramientas digitales; es un riesgo psicosocial documentado, con consecuencias medibles sobre la salud mental, el rendimiento y el bienestar de los colaboradores.

La tecnología no está aliviando la carga laboral sino que, aunque parezca contradictorio, la está intensificando: nos vemos obligados a responder a una velocidad que no corresponde a la capacidad humana, y la desconexión digital se vuelve necesaria dado que la presión de estar siempre conectados impacta directamente en nuestra salud. Este artículo examina qué es el tecnoestrés, cuáles son sus manifestaciones más frecuentes, qué impacto tiene sobre la salud mental de los trabajadores y qué pueden hacer las organizaciones para abordarlo de manera estructural y efectiva.

El tecnoestrés: definición, tipos y manifestaciones

El tecnoestrés es una respuesta psicológica negativa que experimentan las personas debido a la incapacidad para manejar de manera saludable las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y no solo afecta a los empleados sino también a las organizaciones, ya que puede impactar la productividad, la satisfacción laboral y el bienestar general del equipo.

La investigación ha identificado distintas manifestaciones del tecnoestrés que conviene diferenciar para poder gestionarlas con precisión:

El tecnoestrés puede clasificarse en tres grandes tipos.

  1. La tecnoansiedad es el más conocido, y sus síntomas más predominantes son el malestar, la tensión y una activación fisiológica no placentera causada por el uso de las TIC, que genera ansiedad y pensamientos negativos.
  2. La tecnofatiga se caracteriza por el cansancio y el agotamiento cognitivo, y puede derivar en lo que se denomina «fatiga informativa», que provoca escepticismo sobre la propia eficacia.
  3. La tecnofobia se manifiesta como ansiedad y miedo ante el uso de las tecnologías.

A estas tres categorías se suma la tecnoadicción.

La tecnoadicción ocurre cuando una persona se vuelve dependiente del uso de la tecnología hasta el punto de que interfiere con su vida diaria o con su trabajo, y no se limita solo a los videojuegos o las redes sociales, sino que también incluye la necesidad constante de revisar correos electrónicos, mensajes de WhatsApp o el desplazamiento compulsivo por aplicaciones como Instagram o TikTok.

Desde la perspectiva de los factores desencadenantes, el tecnoestrés se origina por cuatro tipos de presiones tecnológicas:

  • La sobrecarga: exceso de información o tareas que superan la capacidad de manejo del individuo;
  • La complejidad: dificultad para comprender o utilizar determinadas tecnologías;
  • La incertidumbre: falta de claridad sobre el funcionamiento o los resultados de las tecnologías utilizadas;
    y la invasión tecnológica:sensación de intrusión de la tecnología en la vida laboral y personal.

El impacto sobre la salud mental

Las consecuencias del tecnoestrés sobre la salud mental de los trabajadores están respaldadas por una evidencia empírica creciente y consistente. Las consecuencias del tecnoestrés se han clasificado en cuatro categorías: fisiológicas, psicosociales, organizacionales y sociales, y se ha confirmado su asociación con problemas musculo-esqueléticos, sintomatología depresiva, incremento de los niveles de adrenalina y noradrenalina, elevación de la presión arterial, frecuencia cardíaca y aumento en conductancia de la piel.

A nivel de salud mental específicamente, las experiencias de tecnoestrés por un uso excesivo y problemático de las TIC se encuentran asociadas con un deterioro de la salud mental de los trabajadores en términos de mayores niveles de ansiedad, depresión y estrés, y la tecno-sobrecarga se asocia en mayor medida con la depresión y el estrés, mientras que la tecno-invasión se asocia en mayor medida con la ansiedad.

Un estudio publicado en 2025 señala que la sobrecarga digital y el tecnoestrés están asociados con reducciones significativas en el bienestar, agotamiento emocional, menor dedicación laboral y un decreciente sentido de logro personal, y otra investigación basada en el modelo de demandas y recursos laborales confirma que las demandas digitales, si no se contrarrestan con apoyo organizacional, formación, autonomía y recursos humanos adecuados— generan un desgaste sistemático que afecta el equilibrio emocional y la salud mental.

La fatiga digital y el derecho a la desconexión

Una de las dimensiones más urgentes del tecnoestrés en el contexto laboral actual es la dificultad creciente para establecer límites entre el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso. La hiperconectividad, la expectativa implícita o explícita de estar disponible fuera del horario laboral, genera una forma específica de tecnoestrés que tiene consecuencias acumulativas sobre la salud mental que frecuentemente no se manifiestan de manera inmediata, sino después de semanas o meses de exposición sostenida.

En su manifestación más común, el tecnoestrés laboral surge de la confluencia de diversas presiones tecnológicas:

  • La demanda de estar siempre conectado,techno-invasión.
  • La sobrecarga de información y tareas digitales, techno-overload.
  • La sensación de inseguridad o incertidumbre frente a los cambios tecnológicos continuos, que lejos de ser una molestia pasajera constituye un riesgo psicosocial real con consecuencias crecientes en el bienestar de las personas y en la sostenibilidad de las organizaciones.

La tecno-fatiga es el agotamiento mental causado por el uso excesivo de dispositivos tecnológicos, derivado de largas jornadas frente a pantallas, una sobrecarga de información y la falta de descanso adecuado, lo que conlleva una disminución en la productividad y la motivación, y quienes lo experimentan se encuentran distraídos, abrumados por la carga cognitiva y el agotamiento emocional, con mayor propensión a cometer errores.

El derecho a la desconexión digital, reconocido ya en la legislación laboral de varios países europeos y latinoamericanos, es la respuesta normativa a esta realidad. Su implementación efectiva, sin embargo, requiere mucho más que una política escrita: necesita una cultura organizacional que no penalice a quienes ejercen ese derecho, y líderes que lo modelen con sus propios comportamientos.

El tecnoestrés como riesgo psicosocial: la responsabilidad organizacional

El tecnoestrés es un riesgo psicosocial que requiere una atención integral tanto a nivel organizacional como individual, y la implementación de medidas preventivas y la promoción de un uso responsable de la tecnología son fundamentales para proteger la salud de los trabajadores en la era digital. Esta afirmación tiene una implicación clara para las organizaciones: el tecnoestrés no puede ser tratado únicamente como un problema de gestión individual del estrés; es un riesgo organizacional que requiere intervención estructural.

Las variables socio-profesionales, las demandas laborales relacionadas con las TIC y el tecnoestrés explican una parte importante de la varianza de la salud mental de los trabajadores, en concreto sobre los niveles de depresión, ansiedad y estrés dentro del contexto laboral, lo que subraya la importancia de incorporar estrategias preventivas, de promoción e intervención en las organizaciones vinculadas al uso saludable de la tecnología.

Las organizaciones que reconocen el tecnoestrés como un riesgo psicosocial gestionable y no como una consecuencia inevitable de la digitalización están mejor posicionadas para diseñar entornos de trabajo tecnológicamente intensivos que no deterioren la salud mental de quienes los habitan.

Lo que las organizaciones pueden hacer: intervenciones efectivas

La investigación y la práctica organizacional han identificado un conjunto de intervenciones que, combinadas, pueden reducir significativamente la incidencia y el impacto del tecnoestrés:

Entre las estrategias organizacionales más efectivas se encuentran: instar a los empleados a desconectarse de sus dispositivos fuera del horario laboral, implementar políticas explícitas de correo electrónico que alienten a revisar los mensajes solo en horarios fijos, poner a disposición sesiones de asesoramiento y apoyo psicológico, y promulgar políticas que permitan flexibilidad para abordar las demandas personales y de la vida laboral.

A estas medidas se suman otras igualmente relevantes. La formación continua, implementar programas que ayuden a los empleados a sentirse más competentes y seguros en el uso de las tecnologías digitales,  y la organización digital, optimizar el uso de las herramientas para gestionar los procesos, planificar las tareas y gestionar la información de forma eficiente, son dos palancas fundamentales para reducir el impacto del tecnoestrés en el bienestar de los equipos.

Las empresas pueden además apostar por estrategias más amplias que incluyen promover un cambio de cultura con políticas de desconexión digital, evaluar el tecnoestrés como riesgo psicosocial en las auditorías de salud laboral, adaptar las nuevas tecnologías a las necesidades de cada persona trabajadora, rediseñar los puestos de trabajo para incluir las nuevas tecnologías como un recurso y no como una carga, y promover un buen clima laboral, trabajo en equipo y comunicación que contrarreste el aislamiento digital.

Finalmente, el papel del liderazgo es, también en este ámbito, determinante. Los líderes que modelan una relación saludable con la tecnología —que no envían mensajes fuera del horario laboral, que respetan los tiempos de descanso de sus equipos y que reconocen abiertamente los límites de la disponibilidad permanente— construyen culturas donde el tecnoestrés tiene menos espacio para desarrollarse.

El tecnoestrés no es el precio inevitable que las personas deben pagar por trabajar en la era digital. Es un riesgo psicosocial identificable, medible y, sobre todo, prevenible. Las organizaciones que lo reconocen como tal y que diseñan entornos de trabajo, políticas y culturas que permiten una relación más saludable con la tecnología, no solo cuidan la salud mental de sus colaboradores; también protegen su productividad, su creatividad y su capacidad de sostenerse en el tiempo.

La era digital ha transformado el trabajo de maneras que no tienen vuelta atrás. Pero la forma en que las organizaciones gestionan esa transformación —si colocan a las personas en el centro o si las subordinan a la lógica de la conectividad permanente— sí es una decisión que se toma cada día. Y de esa decisión depende, en buena medida, la salud mental de quienes hacen posible que las organizaciones funcionen.

El marco normativo en Chile: un avance que necesita consolidarse.

En Chile, el derecho a la desconexión digital fue reconocido con la promulgación de la Ley N.º 21.220 de Teletrabajo en marzo de 2020. El artículo 152 quárter J del Código del Trabajo establece que el empleador debe garantizar al trabajador remoto un mínimo de 12 horas continuas de desconexión dentro de cada período de 24 horas, durante las cuales no podrá solicitarle tareas, enviarle correos ni formular requerimientos de ningún tipo. Este mismo principio aplica en días de descanso, permisos y vacaciones. Sin embargo, la norma tiene un alcance limitado: se aplica exclusivamente a quienes trabajan en modalidad de teletrabajo, dejando fuera a una proporción significativa de la fuerza laboral que, aun trabajando de manera presencial, enfrenta las mismas presiones de hiperconectividad digital. Y la brecha entre el derecho reconocido y su aplicación real sigue siendo considerable: el estudio de Mercer Chile 2024 revela que, aunque el 83% de las empresas ha implementado modelos híbridos, más del 60% no cuenta con políticas formales de desconexión digital. La existencia de una norma es un punto de partida necesario, pero insuficiente si no va acompañada de una cultura organizacional que la haga efectiva en el día a día.

REFERENCIAS

Adecco Institute. (2024). Salud mental en un lugar de trabajo digitalizado. https://www.adeccoinstitute.es/salud-y-prevencion/salud-mental-en-un-lugar-de-trabajo-digitalizado/
Ansiedad y Estrés. (2024). The Effect of Technology in the Workplace: Consequences of Technostress on Mental Health. https://www.ansiedadyestres.es/art/2024/anyes2024a6
Prevención Integral. (2025). Tecnofatiga y tecnoestrés: cómo afrontar el impacto de la sobreexposición digital en el trabajo. https://www.prevencionintegral.com/actualidad/noticias/2025/12/09/tecnofatiga-tecnoestres-como-afrontar-impacto-sobreexposicion-digital-en-trabajo
Ctaima. (2025). Salud laboral en la era digital. https://www.ctaima.com/blog/salud-laboral-en-la-era-digital/
Deel. (2024). Tecnoestrés: qué es, tipos y cómo prevenirlo. https://www.deel.com/es/glosario/tecnoestres/
CEMICAL. (2024). Tecnoestrés, fatiga informática y el derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral. https://cemical.diba.cat/es/esp/publicaciones/actualidad/tecnoestres-fatiga-informatica-y-el-derecho-a-la-desconexion-digital
RH Saludable. (2024). FORSA 2024: La transformación digital y la salud emocional en el futuro del trabajo. https://rhsaludable.com/forsa-2024-la-transformacion-digital-y-la-salud-emocional-en-el-futuro-del-trabajo/
Prevencionar. (2024). Tecnoestrés: qué es, tipos, síntomas y cómo prevenirlo. https://prevencionar.com/2024/10/24/tecnoestres-que-es-tipos-sintomas-y-como-prevenirlo/
Universidad OC. (2024). Tecnoestrés: desafíos y propuestas para mitigar su impacto. https://blogs.uoc.edu/economia-empresa/es/tecnoestres-desafios-y-propuestas-para-mitigar-su-impacto/

Autor/a: Carolina Maliqueo
Directora +RedRH

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