por

3 de septiembre de 2026

por

Salud mental: sumar capacidad preventiva

3 de septiembre de 2026

Según el estudio Cadem 5C de agosto de 2026, el 62% de los chilenos declara hoy sentimientos negativos, el nivel más alto desde 2024. El estrés llega al 37% y el cansancio es la emoción individual más frecuente, con un 30%.

Frente a esto, la respuesta suele ser evidente: necesitamos más recursos para salud mental y mejores condiciones de acceso. Pero ¿qué hacemos mientras esos recursos no alcanzan? ¿Dónde están hoy los recursos disponibles, y cómo optimizamos los que ya existen?

Creo que necesitamos ampliar la mirada.

En escenarios de estrechez fiscal, la conversación sobre salud mental tiende a quedar atrapada entre los organismos que hoy gestionan la ley y los presupuestos. Ahí, el trabajo suele aparecer como parte del problema: riesgos psicosociales, licencias, subsidios por incapacidad laboral.

Pero el trabajo —la empresa— también puede ser parte de la respuesta. No para trasladarle una responsabilidad que es del Estado, ni para asumir que todo problema de salud mental nace en el trabajo. Sino porque las empresas tienen algo que el sistema sanitario difícilmente puede replicar: contacto cotidiano con las personas, estructuras de gestión, jefaturas, RR.HH. y múltiples canales para detectar, orientar y facilitar acceso a apoyo.

Se trata de sumar capacidad preventiva.

Cuando una persona llega a necesitar una licencia médica, el problema muchas veces ya lleva tiempo instalado, y cualquier recuperación desde ese punto es más difícil y más cara que haberlo prevenido. Y una parte importante del costo real no aparece en las licencias ni en los seguros: está en el presentismo, la pérdida de productividad de quienes asisten a trabajar pero rinden muy por debajo de su capacidad por estar enfermos. La evidencia internacional es clara al respecto: en personas con problemas de salud mental, la pérdida por presentismo es entre 5 y 10 veces mayor que la del ausentismo (Evans-Lacko & Knapp, 2016). En Chile, la salud mental es ya la primera causa de licencias médicas, cerca de un tercio del total (SUSESO, 2024). El costo, en otras palabras, ya está ahí. Solo que en su mayoría es invisible.

Chile necesita más recursos para salud mental. Pero también necesita usar mejor los que ya tiene.

Quizás el desafío sea dejar de pensar la salud mental solo como un problema sanitario, y empezar a tratarla como un desafío social que involucra a todo el ecosistema donde las personas viven, trabajan y se relacionan. El trabajo es uno de esos espacios —probablemente el menos aprovechado.

Eso significa, en concreto, que las empresas con capacidad de hacerlo dejen de tratar la salud mental como un tema exclusivo de RR.HH. y empiecen a construir sistemas reales de detección temprana a través de sus jefaturas, canales de derivación claros hacia apoyo profesional, y medición efectiva del riesgo psicosocial y del presentismo —no solo del ausentismo. No es una opción de responsabilidad social que suma puntos. Es una capacidad organizacional que, bien usada, entra en un círculo virtuoso: mejora a las personas y, con el tiempo, mejora también a la organización que las emplea.

gsoconsultores.cl

 

Autor/a: Matías Velasco G
Psicólogo y Socio Consultor GSO Consultores

¡ Comparte este artículo exclusivo de Ideas & Soluciones !

Impulsores +RedRh

×