Cada año, cuando se acerca el Día de la Niñez, muchas organizaciones preparan actividades para las familias de sus colaboradores. Y me parece una excelente noticia. Porque esas experiencias no son solo una celebración, sino que son una oportunidad para fortalecer vínculos, generar recuerdos compartidos y acercar a las familias al propósito de la organización.
Este año quisiera proponer una pregunta distinta a esa celebración que estamos planificando.
¿Qué pasaría si viéramos el Día de la Niñez no solo como una actividad, sino como una inversión en el futuro de nuestras organizaciones?
Mientras hablamos de inteligencia artificial, automatización y productividad, buscamos desarrollar competencias como liderazgo, empatía, colaboración o capacidad para resolver conflictos. Lo interesante es que muchas de ellas comienzan a construirse mucho antes del primer trabajo, se construyen en la infancia, a través de relaciones seguras con adultos emocionalmente disponibles.
“Ya, pero las empresas no son responsables de criar niños y niñas” – podríamos pensar. Y es verdad. Pero sí influyen todos los días en las condiciones en que miles de madres, padres y cuidadores viven esa crianza. Y eso si importa.
Hace unos días una mamá me dijo algo importante sobre sus decisiones laborales «Cuando mi hija se enferma en mi empresa me dicen ‘anda tranquila, nosotros nos organizamos’, siento una tranquilidad que no tiene precio.» Me contaba que incluso había decidido mantenerse en un trabajo con condiciones que no siempre le acomodan, porque la tranquilidad de saber que podía cuidar a su hija cuando lo necesitara tenía, para ella, mucho más valor.
Aquí escuchamos confianza, y sentirse cuidada en uno de los momentos en que más vulnerabilidad nos trae en nuestro mundo laboral – pedir permiso porque no existe red de apoyo. No hablamos siempre de un beneficio económico.
Y esa tranquilidad vuelve a la organización convertida en compromiso, pertenencia y deseo de permanecer.
El concepto de salario emocional lleva años mostrando que beneficios como la conciliación, la flexibilidad o el apoyo a las familias fortalecen el compromiso, la fidelización del talento y el orgullo de pertenencia.





