El “II Estudio de Bienestar Financiero 2024” de Mercer nos presenta una realidad que no podemos ignorar: la inseguridad financiera está afectando gravemente la productividad, la salud mental y el desempeño de los colaboradores. Algunas cifras resultan alarmantes: el 56% de los encuestados afirma que sus preocupaciones económicas afectan directamente su rendimiento laboral, mientras que un 10% de su jornada se destina a resolver problemas financieros. Esto no solo refleja trabajadores preocupados, sino también desconcentrados y menos productivos.
El estrés financiero también tiene un impacto emocional significativo: el 70% de los colaboradores siente algún nivel de ansiedad al pensar en sus finanzas, mientras que un 14% asegura que estas preocupaciones les quitan el sueño.
En un país como Chile, donde el debate sobre las pensiones y la seguridad económica está en el centro de la agenda, las empresas no pueden mantenerse al margen. El bienestar financiero ya no es un tema individual; se ha convertido en un pilar esencial del bienestar organizacional. Los trabajadores que perciben su futuro financiero como incierto enfrentan mayores niveles de estrés, lo que afecta no solo su salud, sino también el clima laboral y, eventualmente, la sostenibilidad de los negocios.
¿Pero qué están haciendo las empresas en este sentido? Poco… según el último estudio de Beneficios Laborales de Mercer, sólo el 11% de las empresas ofrecen un plan de ahorro o pensión colectivo para sus trabajadores, y 16% de los trabajadores indica que sus empleadores les brindan algún tipo de programa de educación financiera, lo que deja en evidencia la falta de herramientas para planificar un futuro económico estable en manos de los trabajadores.
Las empresas deben asumir un rol activo para enfrentar esta realidad. Esto no significa resolver todos los problemas económicos de sus trabajadores, pero sí facilitar herramientas que les permitan tomar el control de sus finanzas. La educación financiera es un buen punto de partida: talleres prácticos sobre presupuestos, ahorro e inversión pueden ser transformadores para quienes nunca han tenido acceso a este tipo de formación. Otra alternativa es brindar acceso a asesores financieros que acompañen a los trabajadores en la creación de planes de ahorro o en la elección de productos financieros adecuados.
Más importante aún, las organizaciones deben construir una cultura de apoyo, donde hablar de problemas financieros deje de ser un tabú. El impacto de estas acciones va más allá de los trabajadores; también beneficia a las organizaciones. Las empresas que invierten en el bienestar financiero de sus equipos logran reducir la rotación, mejorar el compromiso y fortalecer la productividad. En un mercado laboral competitivo, estas iniciativas son un diferenciador clave para atraer y retener talento y deben ser vistas como una inversión estratégica.
Este fin de año, mientras muchas organizaciones buscan cerrar sus balances, también es el momento ideal de preguntarse: ¿Qué están haciendo para garantizar un futuro más seguro para sus colaboradores? Invertir en su bienestar no solo es una muestra de responsabilidad empresarial, sino también una apuesta inteligente por el éxito sostenible a largo plazo.




