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5 de noviembre de 2026

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El bienestar familiar también es bienestar laboral

5 de noviembre de 2026

Una trabajadora puede estar sentada frente a su computador mientras piensa en la cuenta del dentista de su hijo. Un papá puede estar participando en una reunión mientras intenta resolver quién retirará a los niños del colegio. Una mamá puede volver de su posnatal, cumplir con todas sus responsabilidades y, aun así, sentir una enorme culpa cada mañana al despedirse de su bebé.

Nada de eso desaparece cuando comienza la jornada laboral.

Durante mucho tiempo, las organizaciones han entendido el bienestar principalmente desde la salud individual, el clima laboral o las actividades de autocuidado. Sin embargo, existe una dimensión que merece mayor protagonismo: el bienestar de las familias de quienes trabajan con nosotros.

Porque las personas no llegan solas a trabajar. Llegan con sus vínculos, responsabilidades, preocupaciones, alegrías y desafíos cotidianos.

El bienestar familiar también se construye aliviando el presupuesto

Una organización puede contribuir al bienestar de sus colaboradores de maneras muy concretas.

Pensemos en los gastos familiares: salud, medicamentos, tratamientos dentales, educación, alimentación o incluso el cuidado de las mascotas. Son necesidades que pueden representar una carga importante para el presupuesto del hogar.

En Chile, Caja La Araucana ofrece un ejemplo interesante de cómo ampliar la mirada sobre el bienestar. A través de su Caja Club, reúne beneficios en salud, educación, hogar, trabajo y recreación.

Entre sus alternativas se encuentran convenios dentales, telemedicina gratuita para afiliados y hasta tres beneficiarios adicionales, y descuentos vinculados al cuidado de mascotas, según las condiciones de cada convenio.

¿Por qué es relevante?

Porque cuando una familia puede acceder a una atención médica o dental a menor costo, no estamos hablando únicamente de un descuento. Estamos hablando de una posible reducción de la presión económica cotidiana.

El bienestar también consiste en disminuir preocupaciones concretas.

Y aquí hay una oportunidad para las empresas: conocer los beneficios disponibles, facilitar su acceso y comprender cuáles responden verdaderamente a las necesidades de sus trabajadores.

La flexibilidad también es una forma de cuidado

Pero el bienestar familiar no puede reducirse a seguros, descuentos o convenios.

También implica reconocer que las personas atraviesan distintas etapas de vida.

No necesita lo mismo una colaboradora que acaba de regresar de su posnatal que un trabajador que cuida a un familiar mayor, una familia monoparental o alguien que enfrenta una situación compleja con su hijo adolescente.

La Araucana también ha comunicado iniciativas de conciliación dirigidas a sus propios trabajadores: horarios de entrada y salida diferenciados, modalidades híbridas en Casa Matriz, ampliación del permiso posnatal masculino y extensión del tiempo destinado a la lactancia.
Son ejemplos de una idea que considero fundamental: la conciliación no debería depender exclusivamente de la capacidad individual de cada persona para organizarse mejor. También necesita condiciones laborales que la hagan posible. Construimos comunidades que se cuidan.

Y esto no significa que todas las empresas deban implementar las mismas medidas.

Significa que debemos comenzar por escuchar.

¿Quiénes forman parte de las familias de nuestros colaboradores? ¿Qué responsabilidades de cuidado tienen? ¿Cuáles son sus mayores dificultades para compatibilizar la vida personal y laboral?

A veces, una conversación oportuna con una jefatura puede marcar una diferencia tan importante como un beneficio económico.

Nadie nace sabiendo ser papá o mamá

Hay otra dimensión del bienestar familiar que me parece especialmente importante: acompañar a las personas en la crianza y la educación de sus hijos e hijas.

Llevo años trabajando con niños, familias y comunidades educativas, y hay algo que se repite constantemente: madres, padres y cuidadores quieren hacerlo bien, pero muchas veces no saben cómo.

¿Cómo acompañamos una pataleta? ¿Qué hacemos cuando nuestro hijo no quiere conversar? ¿Cómo ponemos límites sin dañar el vínculo? ¿Cómo enfrentamos una conversación difícil? ¿Cómo encontramos momentos de conexión cuando tenemos poco tiempo?

Nadie nace sabiendo responder estas preguntas.

Y tampoco necesitamos que las familias se conviertan en expertas en neurociencia o educación emocional.

Necesitamos acercarles herramientas sencillas, pertinentes y aplicables a su vida cotidiana.

Una pregunta abierta para conversar durante la comida. Un juego de diez minutos después del trabajo. Un conjunto de cartas para reconocer emociones. Una recomendación para acompañar un conflicto sin reaccionar impulsivamente.

Pequeñas herramientas que, cuando están diseñadas y acompañadas por profesionales especializados en infancia y familias, pueden transformar momentos cotidianos en oportunidades de conexión.

No se trata de entregarles más tareas a madres y padres que ya están sobrecargados. Se trata de facilitarles recursos para acompañar mejor, sin exigirles perfección.

Cuando los niños conocen el mundo laboral de sus familias

Existe otra oportunidad que las organizaciones están comenzando a explorar: abrir espacios para que los hijos e hijas conozcan el lugar donde trabajan sus padres y madres.

Pensemos en una pregunta que muchos adultos han escuchado:

«¿Por qué tienes que trabajar tanto?»

Para un niño pequeño, el trabajo puede ser algo abstracto: un lugar al que su mamá o papá se va durante muchas horas.

Pero ¿qué ocurre cuando puede conocer ese espacio, descubrir qué hace su familia, jugar allí y compartir una experiencia significativa?

El trabajo deja de ser solamente un lugar desconocido.

En Kintsu hemos desarrollado experiencias que buscan precisamente eso: acercar el mundo laboral de los adultos al mundo de los niños y niñas, mediante juegos, exploración y actividades diseñadas para distintas edades.

No reemplazan el tiempo cotidiano en familia ni resuelven por sí solas las dificultades de conciliación. Pero pueden abrir conversaciones, generar recuerdos compartidos y fortalecer la conexión entre las familias y las organizaciones.

He escuchado múltiples historias de adultos que recuerdan con alto cariño esos momentos en las empresas de sus progenitores.

Del beneficio aislado a una estrategia de bienestar familiar

Las organizaciones tienen la oportunidad de avanzar hacia una mirada más integral.

Una estrategia de bienestar familiar puede combinar apoyo económico, acceso a salud, flexibilidad laboral, acompañamiento profesional en crianza y experiencias de conexión entre niños, familias y lugares de trabajo.

Lo importante no es acumular beneficios, sino comprender qué necesitan realmente las personas y cómo facilitarles el acceso a esos apoyos.

También es importante evaluar los resultados: conocer si los beneficios se utilizan, si responden a necesidades reales y si las familias perciben cambios positivos en su experiencia.

Porque el bienestar no debería medirse solamente por la cantidad de actividades realizadas.

Cuidar a las familias también es cuidar a quienes trabajan

Hay una idea que me acompaña desde mis años en el aula durante los primeros años de vida, los vínculos, las miradas, las palabras y las experiencias cotidianas tienen una importancia enorme.

Y detrás de esos niños y niñas hay adultos que también necesitan sentirse acompañados.

No podemos pedirles a madres y padres que estén emocionalmente disponibles para sus hijos si, al mismo tiempo, construimos entornos laborales que desconocen sus responsabilidades de cuidado.

Tampoco podemos hablar de bienestar organizacional sin preguntarnos qué ocurre con las personas cuando termina su jornada de trabajo.

El bienestar familiar no es un beneficio adicional. Es una dimensión fundamental de cómo entendemos el cuidado de las personas.
Y quizás la pregunta que hoy necesitan hacerse las organizaciones no es solamente qué más podemos ofrecer a nuestros colaboradores.

Es también:
¿Qué podemos hacer para que cuidar de sus familias no signifique tener que elegir entre su vida personal y su desarrollo profesional?

Porque cuando una organización reconoce que detrás de cada trabajador hay una historia, vínculos y personas importantes, comienza a construir una cultura de bienestar verdaderamente humana.

El bienestar familiar no es un beneficio adicional. Es una dimensión fundamental de cómo entendemos el cuidado de las personas.
http://www.kintsu.cl

Autor/a: Sol Martínez Encina
CEO Kintsu emociones

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