La nueva brújula profesional: Agilidad emocional en el trabajo

23 de enero de 2025

En el acelerado mundo laboral actual, donde el cambio y la incertidumbre son constantes, la agilidad emocional se ha convertido en una competencia fundamental para el éxito profesional. Este concepto, desarrollado por la psicóloga Susan David, representa un nuevo enfoque para gestionar nuestros pensamientos y emociones en el entorno laboral.

La agilidad emocional se define como la capacidad de navegar las complejidades de la vida laboral con autoconciencia, adaptabilidad y una mentalidad abierta. No se trata de ignorar o suprimir las emociones difíciles, sino de reconocerlas y utilizarlas como fuente de información valiosa para tomar mejores decisiones (David, 2016).

En el ambiente corporativo actual, muchos profesionales caen en la trampa de creer que no hay lugar para las emociones «negativas» en el trabajo. Sin embargo, la investigación demuestra que todos los seres humanos experimentan un flujo constante de pensamientos críticos, dudas y miedos -algo biológico-. El problema no radica en tener estas emociones, sino en quedar «enganchados» en ellas, permitiendo que dirijan nuestro comportamiento (David & Congleton, 2013).

Entre los principales desafíos que surgen en el ámbito laboral se encuentran tanto los de tipo organizacional y/o grupal -como roles laborales que cambian cada pocos meses, presión por resultados inmediatos, dificultad para cambiar de dirección cuando algo no funciona- hasta desafíos en las relaciones laborales -sesgos inconscientes hacia otros colegas, dificultad para dar o recibir retroalimentación-; pero no queda solo ahí, también existen desafíos de carácter emocional y cognitivo tales como el estrés por las presiones constantes, la gestión de relaciones interpersonales complejas, el miedo al fracaso y la dificultad para mantener un equilibrio entre la vida personal y profesional (David, 2016).

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Un ejemplo común es el de profesionales que, intentando proyectar una imagen de perfección, terminan trabajando desde el armario de su casa durante su día libre, como el caso documentado por Susan David de una ejecutiva que tomó una llamada de trabajo de 90 minutos escondida para que no se escucharan sus hijos.

Para desarrollar prácticas efectivas, David y Congleton (2013) recomiendan cuatro estrategias clave:

Los beneficios de implementar estas estrategias son significativos. Las investigaciones muestran que los líderes emocionalmente ágiles son más efectivos en la toma de decisiones, más resilientes ante los cambios y mejor capacitados para crear equipos productivos y comprometidos.

La agilidad emocional no es una habilidad que se desarrolle de la noche a la mañana, pero con práctica consciente, puede convertirse en una herramienta poderosa para navegar los desafíos del mundo laboral moderno. Como señala David, no se trata de eliminar el estrés o las emociones difíciles, sino de desarrollar una relación más productiva con ellas.

En un entorno laboral cada vez más complejo y demandante, la agilidad emocional se perfila como una competencia esencial para el éxito profesional sostenible, permitiendo a los trabajadores no solo sobrevivir, sino prosperar en medio de la incertidumbre y el cambio constante.

  • David, S. (2016). Emotional Agility. Get Unstuck, Embrace Change, and Thrive in Work and Life. Penguin Books, ISBN: 978-0-241-97657-9
  • David, S., & Congleton, C. (2013). Emotional Agility. How effective leaders manage their negative thoughts and feelings. En Become a Nimble Leader, HBR Special Issue, Spring 2022. 

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