Como madre trabajadora, me parece importante destacar algunos puntos sobre las consecuencias de estos días sin clases. Primero, en cuanto a la educación: ¿cuántos días de clase tienen realmente asegurados nuestros niños? En un país donde el acceso a una educación de calidad no es igual para todos, ¿no deberíamos garantizar y proteger cada oportunidad de aprendizaje?
En segundo lugar, la seguridad: para muchos niños, los centros de educación representan un lugar seguro, donde reciben acompañamiento, alimentación y supervisión. Cada día sin clases, incrementa la posibilidad de que algunos menores en situaciones de vulnerabilidad, como quedarse solos o al cuidado de personas que no siempre están preparadas para ello.
Finalmente, está el impacto en los padres, especialmente en las madres, quienes enfrentan la difícil tarea de conciliar el trabajo y la crianza. La pandemia trajo consigo mayor flexibilidad laboral; sin embargo, con el regreso a la presencialidad en muchas empresas y, considerando que un 70% de los trabajadores no tiene opción de teletrabajar, ¿qué alternativas quedan para aquellos padres sin redes de apoyo?





