El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), actualizado a junio de 2025, mostró que la tasa de desempleo en Chile alcanzó un 8,9% en el trimestre marzo-mayo, manteniéndose por sobre el 8% desde hace varios años. Esto posiciona al país como el tercero con mayor desempleo dentro del bloque, superado solo por Finlandia (9,1%) y España (10,9%).
El contraste es evidente si se compara con la tasa promedio de desempleo de la OCDE, que se ha mantenido estable en torno al 4,9% en los últimos tres años. Incluso en abril de 2025, 26 países del grupo no registraron variación en este indicador.
¿Qué explica esta brecha?
Juan Bravo, director del Observatorio del Contexto Económico de la UDP, explicó que parte del problema radica en la caída en la capacidad de crecimiento económico del país: entre 2014 y 2024, Chile creció en promedio un 2% anual. Esta desaceleración ha impactado directamente la generación de empleo asalariado formal en el sector privado.
“Tenemos un mercado laboral que hoy tiene menos capacidad de absorber a la fuerza de trabajo”, afirmó Bravo, quien también señaló que parte del buen posicionamiento que tuvo Chile en la década pasada se debía a la crisis que enfrentaban en ese entonces muchas economías desarrolladas.
¿Y la creación de empleo?
Pese al alza en la tasa de desempleo, la creación de empleo en Chile ha sido positiva. En 2024, el país registró un crecimiento del 2,5% en ocupación, frente al 0,9% de la OCDE. Sin embargo, según el informe, esto sigue siendo insuficiente para revertir la tendencia al alza del desempleo.
Además, en comparación con economías desarrolladas, Chile aún tiene una fuerza laboral joven, mientras otros países enfrentan procesos avanzados de envejecimiento. Pero eso no ha logrado compensar el menor dinamismo del mercado laboral nacional.
Una llamada de atención al ecosistema de personas
Desde la Red de Recursos Humanos, este diagnóstico nos interpela. Las cifras no solo dan cuenta de un contexto adverso, sino también de la urgencia de repensar la empleabilidad, el desarrollo de habilidades y la vinculación real entre el mundo del trabajo y el crecimiento económico.
En tiempos de incertidumbre, el rol de las comunidades de gestión de personas se vuelve aún más estratégico: construir redes que conecten talento con oportunidades, impulsar políticas de desarrollo organizacional y participar activamente del debate público son acciones que pueden marcar la diferencia.




