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1 de junio de 2026

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Si los resultados de tu capacitación no son los esperados, empieza por el principio

1 de junio de 2026

El 43% de los empleados que recibe formación formal la considera ineficaz. Uno de cada tres ni siquiera la recibe. Y según el informe People at Work 2025 de ADP Research, elaborado con datos de trabajadores en 34 países, solo el 17% de los trabajadores está totalmente de acuerdo en que su empresa invierte en las habilidades que necesita para avanzar.

Estos no son datos de organizaciones que ignoran la formación. Son datos de organizaciones que forman, que invierten, que tienen planes anuales de capacitación. Y aun así, el resultado esperado no se logra.

Cuando los resultados de la capacitación no son los esperados, la reacción habitual es buscar mejores proveedores, más horas de formación o plataformas más modernas. Pocas veces la pregunta apunta al origen: ¿el diagnóstico que hicimos antes de diseñar esa formación era sólido?

La detección de necesidades existe: El problema es cómo se hace.

El Diagnóstico de Necesidades de Capacitación (DNC) es un proceso conocido por cualquier profesional de RRHH y L&D. Está en los manuales, en los planes anuales, en las políticas y en el discurso. Se hace. Pero hacerlo no es lo mismo que hacerlo bien.

En la práctica, el DNC suele reducirse a un ejercicio de recopilación: se envía una encuesta, se recogen las solicitudes de los gerentes e incluso de los empleados, se revisa qué temas pidieron el año pasado y se construye un catálogo de cursos. El proceso se completa, el formulario se archiva y el plan de formación esta listo para comenzar.

El problema es que ese proceso a veces responde a una pregunta equivocada. No se pregunta ¿qué necesita cambiar en el desempeño de esta organización? sino ¿qué temas quiere aprender la gente o quiere el gerente que aprendan? Y esa diferencia, aparentemente pequeña, hace una gran diferencia.

Un tema no es una necesidad de aprendizaje. «Necesitamos formación en liderazgo» en general, no dice qué comportamientos concretos están fallando, en qué contextos, con qué impacto en los resultados del equipo o del negocio. Sin esa información, cualquier diseño instruccional que venga después construye sobre arena. Esto demanda del liderazgo una mayor reflexión sobre la estrategia que está implementando y un compromiso sobre este proceso, recordemos que el aprendizaje no es responsabilidad exclusiva del área de gestión de personas.

Por qué el diagnóstico falla

Reconocer las causas no es buscar culpables. Es el único camino para mejorar y cambiar algo. Hay tres puntos clave:

El proceso está desconectado de la estrategia. En muchas organizaciones, el DNC nació como un requisito administrativo, normativo, legal o de auditoría y así se quedó. Se ejecuta en paralelo a las conversaciones donde realmente se decide qué importa en la organización. Mientras los líderes hablan de transformación digital, apertura de mercados o retención de talento, el área de capacitación lanza su encuesta anual. Ambos procesos rara vez se encuentran.

Quien lo ejecuta no siempre tiene el acceso ni la autoridad para cuestionarlo. Un diagnóstico útil requiere dos capacidades que no siempre coexisten en la misma persona: conocimiento técnico de aprendizaje organizacional y acceso real a los problemas de desempeño del negocio. Cuando el perfil que ejecuta el DNC no tiene interlocución con la dirección, el diagnóstico se convierte en una recopilación de demandas. Se anota lo que se pide, no lo que se necesita.

La información que se recoge no se analiza con criterio. Las encuestas de satisfacción, las peticiones de los gerentes y los catálogos de proveedores son datos, no diagnóstico. Un dato sin contexto no orienta decisiones. Y sin un análisis que distinga entre problemas de conocimiento, problemas de motivación y problemas organizacionales (que ninguna formación va a resolver) el plan de capacitación que resulta está condenado a tener impacto limitado.

Preguntas relevantes antes de comenzar a diseñar un programa

La investigación en diseño instruccional es clara al respecto: saltarse o ejecutar mal el análisis de necesidades es una de las principales razones por las que la capacitación no transfiere al puesto de trabajo. Y la transferencia —no la asistencia, no la satisfacción— es el único indicador que importa.

Antes de decidir qué se forma, un diagnóstico bien hecho debería poder responder tres preguntas:

  1. ¿Qué comportamiento tiene que cambiar y por qué no está cambiando solo?La formación solo resuelve problemas de conocimiento o habilidad. Si el comportamiento no cambia por falta de motivación, por incentivos inadecuados, un liderazgo insuficiente o por una cultura que lo impide, ningún curso va a moverlo. Identificar esto antes de diseñar, evita una inversión malgastada y las frustraciones de ambas partes.
  2. ¿Qué dice el desempeño real, más allá de lo que piden los gerentes?Las peticiones son un input valioso, no un diagnóstico completo. Cruzarlas con datos de desempeño, conversaciones directas con los colaboradores, jefaturas, observaciones y los objetivos estratégicos del negocio convierte el DNC en una herramienta poderosa y estratégica. Puede entregar información útil para alimentar otros proyectos y mejorar procesos.
  3. ¿Qué experiencia de aprendizaje produce el cambio que necesitamos?Esta es la pregunta que abre la puerta al diseño instruccional real: definir qué tiene que ser diferente después de la formación, cómo se va a medir ese cambio, qué formato es el más óptimo y/o qué tipo de intervención (no necesariamente un curso) será la más adecuada para producirlo.

Un marco para ordenar las prioridades

Una vez que el DNC tiene una base sólida, necesita un criterio para priorizar. Aquí es donde herramientas como el modelo DELTA de McKinsey puede ser interesante conocer. Este modelo identifica 56 elementos distintivos de talento en cuatro categorías: cognitivas, digitales, interpersonales y de autoliderazgo, aportan algo concreto: un lenguaje común y basado en evidencia para conversar con la dirección sobre qué habilidades son realmente críticas para los objetivos de la organización.

No como lista de cursos, más bien como un mapa para hacer las preguntas correctas: ¿en qué categoría tiene esta organización el mayor déficit real para lo que necesita lograr este año? ¿Qué combinación de habilidades está bloqueando el desempeño que buscamos?

Esa conversación estratégica, basada en datos, conectada con el negocio es lo que diferencia un DNC que orienta decisiones de un DNC que justifica un catálogo.

Comprar la solución antes de entender el problema

Es habitual que muchas veces se piense más rápido en soluciones que en comprender mejor el problema, por ejemplo: la compra de plataformas de e-learning con catálogos masivos como sustituto del diagnóstico.

El mercado de e-learning corporativo en América Latina alcanzó los 30.000 millones de dólares en 2024 y se proyecta que supere los 52.000 millones en 2030. El crecimiento es notable. La inversión, también. Lo que no siempre crece al mismo ritmo es el criterio con el que se toman esas decisiones.

La dinámica más utilizada: una organización contrata una plataforma con miles de cursos disponibles. El área de L&D selecciona los que suenan relevantes, los agrupa en itinerarios y los lanza como plan de formación. El proceso fue rápido, la presentación quedó bien y el presupuesto quedó ejecutado. Lo que ese proceso no resolvió es la pregunta de partida: ¿qué necesita cambiar en el desempeño de esta organización y por qué no está cambiando solo?

Tres problemas se dan con frecuencia en esta práctica:

  • El contenido no conversa con la realidad cultural. La mayoría de los catálogos masivos están desarrollados en contextos anglosajones, casos, referencias, estilos de comunicación y llegan a organizaciones latinoamericanas sin ninguna adaptación. El colaborador lo percibe de inmediato y desconecta. Según Gartner, menos del 23% de los empleados entiende cómo los valores organizacionales se conectan con su trabajo diario. Un catálogo importado sin contextualización, puede ampliar la brecha en lugar de reducirla.
  • El modelo pedagógico tiene límites claros. El e-learning autodirigido funciona para contenidos técnicos específicos. Pero para habilidades cognitivas, interpersonales o de autoliderazgo (las de mayor impacto en desempeño) el consumo individual de contenido grabado sin acompañamiento, práctica ni contexto real produce resultados muy limitados. No es un problema de la tecnología. Es un problema de adecuación entre herramienta y objetivo.
  • La inversión realizada genera presión para justificarse. Cuando la licencia está pagada, hay que amortizarla. Eso se traduce en metas de horas consumidas y rankings de cumplimiento. El indicador que se mide no es el cambio de comportamiento sino la asistencia digital. El proceso se invierte: en lugar que la capacitación sirva al desempeño, el desempeño queda al servicio de justificar la plataforma.

Esto no es un argumento contra el e-learning. Es una demostración que comprar antes de saber qué problema realmente hay que resolver puede ser muy costoso.

Por dónde empezar a mejorar el DNC

No hace falta rediseñar todo el proceso de una vez. Hay tres movimientos básicos que pueden cambiar la calidad del diagnóstico, sin necesidad de aumentar el presupuesto y el tiempo:

  • Cambiar la pregunta de partida. Antes de preguntar qué temas quieren aprender los colaboradores, preguntar qué comportamientos están limitando los resultados del equipo o del negocio. Esa sola conversación con los líderes de área —bien preparada y bien facilitada, produce más información útil que cualquier encuesta de necesidades.
  • Cruzar peticiones con datos de desempeño. Las solicitudes de formación son un input, no un diagnóstico. Contrastarlas con indicadores de desempeño reales, resultados de evaluaciones y objetivos estratégicos del año, transforma el DNC en una herramienta que orienta a tomar mejores decisiones.
  • Distinguir entre problemas de aprendizaje y problemas de sistema. No todo lo que falla en el desempeño se resuelve con formación. Si el problema es falta de motivación, incentivos mal diseñados o una cultura que no permite aplicar lo aprendido, ningún curso va a resolverlo. Identificar eso antes de diseñar evita inversión malgastada y frustraciones en ambas partes.

Por qué se sigue utilizando la dinámica de la encuesta

Sería injusto no reconocer el entorno en el que trabajan los profesionales de capacitación o L&D. La presión por ejecutar es constante, los presupuestos son ajustados y el área de formación se evalúa por indicadores de actividad, horas formadas, cursos realizados,  más que por impacto real en la transferencia al puesto de trabajo.

En ese contexto, dedicar tiempo a un diagnóstico profundo compite con la urgencia de tener el plan listo para el primer trimestre. Y rediseñar el proceso implica cambiar conversaciones con la dirección y reposicionar el rol del área de capacitación o L&D en la organización. Como no es un tarea técnica, sino más bien una tarea cultural que requiere tiempo, credibilidad y apoyo.

Reflexión

Antes de lanzar el próximo ciclo de diagnóstico, vale la pena detenerse en una sola pregunta: ¿el proceso que vamos a seguir está diseñado para encontrar la respuesta correcta o para justificar decisiones que ya están tomadas?

La respuesta puede decir más sobre el estado real del área de capacitación o L&D que cualquier informe de formación anual.

Autor/a: Carolina Maliqueo
Directora +RedRH

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