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25 de mayo de 2026

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La mentoría como motor de transferencia del aprendizaje

25 de mayo de 2026

En el campo del aprendizaje y desarrollo organizacional existe una brecha que la investigación lleva décadas documentando y que las organizaciones siguen sin cerrar del todo: la brecha entre lo que las personas aprenden en un programa de capacitación y lo que realmente aplican en su trabajo cotidiano.

Esta distancia —conocida como el problema de la transferencia del aprendizaje— representa uno de las mayores pérdidas de inversión en capital humano y, al mismo tiempo, una de las fuentes más silenciosas de frustración y desconexión para los colaboradores que se forman sin ver el impacto de ese aprendizaje en su práctica real. Las razones son diversas: algunos no encuentran las condiciones organizacionales para aplicar lo aprendido, otros no cuentan con el apoyo de sus líderes para hacerlo, y otros simplemente no logran conectar el contenido formativo con las demandas concretas de su puesto.

Las investigaciones alrededor del mundo indican que las organizaciones normalmente no toman en cuenta el análisis de sistemas de transferencia cuando diseñan e implementan programas de educación, lo que resulta en niveles de transferencia más bajos de lo esperado en un sistema de alto desempeño (Escuela de Empresas USFQ, 2022). Esta omisión tiene un costo doble: organizacional, en términos de retorno sobre la inversión formativa; y humano, en términos del bienestar de las personas que aprenden algo que no pueden aplicar, o que aplican sin el acompañamiento necesario para sostenerse en el tiempo.

En un entorno incierto, mientras la inteligencia artificial promete oportunidades sin precedentes, el activo más poderoso de una organización puede seguir siendo una fuerza laboral motivada y bien formada, donde las habilidades de largo plazo construyen compromiso, desarrollan resiliencia y protegen la productividad. La mentoría, entendida no como un beneficio corporativo sino como una metodología estructurada de transferencia del aprendizaje, surge en este contexto como una de las herramientas más efectivas disponibles para cerrar esa brecha entre el conocimiento adquirido y el cambio conductual real. Este artículo examina por qué la mentoría es superior a otros formatos de aprendizaje en términos de transferencia, cómo ese proceso impacta el bienestar de las personas como segundo efecto igualmente relevante, y qué condiciones organizacionales hacen posible que la mentoría funcione de manera sostenida.

Por qué la transferencia del aprendizaje es el verdadero desafío formativo

La transferencia del aprendizaje se define como la capacidad de aplicar lo aprendido en un contexto formativo a situaciones reales del trabajo, de manera sostenida en el tiempo y con impacto medible en el comportamiento. Este proceso, aparentemente lógico, falla con mayor frecuencia de lo que se reconoce en las organizaciones.

Los resultados de la investigación revelan que existe un ambiente positivo para promover la transferencia del aprendizaje —entendida como aplicar lo aprendido en el puesto de trabajo— y que cuando ocurre, incide en las personas y organizaciones de manera positiva, ya que los individuos se sienten más motivados y mejoran su desempeño laboral (Escuela de Empresas USFQ, 2022). El dato clave aquí no es solo que la transferencia mejora el desempeño; es que mejora la motivación. Las personas que logran aplicar lo que aprenden experimentan un sentido de competencia y eficacia que alimenta directamente su bienestar psicológico en el trabajo.

Los factores que inhiben la transferencia son múltiples: la desconexión entre el contenido formativo y las demandas reales del puesto, la falta de apoyo del supervisor inmediato para aplicar lo aprendido, la ausencia de espacios seguros para experimentar con nuevos comportamientos, y la resistencia al cambio tanto individual como organizacional. Las variables más bajas en los sistemas de transferencia incluyen la oposición de supervisores, los resultados personales negativos ante la falta de transferencia y la resistencia al cambio, así como la capacidad personal para hacer los cambios necesarios para aplicar lo aprendido (Escuela de Empresas USFQ, 2022). Estos obstáculos no son técnicos; son relacionales y culturales, lo que explica por qué la mentoría —una intervención profundamente humana y contextualizada— resulta tan efectiva para superarlos.

La mentoría como metodología de transferencia: evidencia y mecanismos

El mentoring es una metodología y práctica destinada a desarrollar el potencial de las personas, basada en la transferencia de conocimientos y en el aprendizaje a través de la experiencia, dentro de un proceso estructurado en el que se establece una relación personal y de confianza entre un mentor que guía, estimula, desafía y alienta a otra persona según sus necesidades para maximizar su talento (Tulankide, 2024). Esta definición captura algo esencial: la mentoría no transfiere información abstracta; transfiere experiencia contextualizada, y lo hace a través de una relación de confianza que crea las condiciones emocionales necesarias para que el aprendizaje ocurra y se sostenga.

La evidencia sobre la efectividad de la mentoría en términos de transferencia es contundente. Las conclusiones de la Pirámide del Aprendizaje, basada en las investigaciones de Cody Blair, sitúan «enseñar a otros» en el máximo escalafón del aprendizaje, con un 90% de transferencia y retención durante mayor tiempo, lo que significa que los propios mentores son quienes más aprenden y más retienen a través del proceso de mentoría (Escuela de Mentoring, 2024). Este hallazgo tiene implicaciones profundas: en una relación de mentoría bien diseñada, tanto el mentor como el mentee experimentan transferencia real del aprendizaje, aunque a través de mecanismos distintos.

Según diversas investigaciones, los modelos de mentoring bien estructurados consiguen una reducción de entre un 50% y un 80% del tiempo habitual para el aprendizaje y adquisición de una nueva habilidad (Escuela de Mentoring, 2024). Esta eficiencia no es accidental; es el resultado de aprender en contexto, con acompañamiento personalizado, retroalimentación inmediata y la posibilidad de aplicar y ajustar en tiempo real, condiciones que los formatos de capacitación tradicionales raramente pueden ofrecer.

Del conocimiento al cambio conductual: el rol de la relación mentor-mentee

Uno de los aportes más significativos de la mentoría al proceso de aprendizaje es su capacidad de generar cambio conductual sostenido, más allá de la adquisición de conocimiento. Las habilidades como el pensamiento crítico se desarrollan mejor en sesiones que involucran una participación significativa, incluyendo un intercambio activo entre los participantes y un facilitador, no a través de contenido pasivo (The HR Director, 2025). La mentoría es, en su esencia, ese intercambio activo: una conversación continua entre experiencia y potencial, entre lo que se sabe y lo que se necesita aprender, entre el error cometido y la comprensión que genera.

Para lograr una mayor agilidad en el aprendizaje de la experiencia y la gestión del cambio es necesario alinear significados, historias y comportamientos en torno al propósito del cambio, y la mentoría actúa como catalizador de ese aprendizaje organizacional que revela nuevas necesidades y aspiraciones (Escuela de Mentoring, 2024).

Esta dimensión colectiva del cambio conductual —donde el aprendizaje individual de cada participante en un programa de mentoría se traduce en transformación de la cultura organizacional— es uno de los efectos más potentes y menos visibilizados de la mentoría como herramienta de desarrollo.

Como consecuencia del proceso de mentoría, los mentees incrementan el conocimiento y alineación con la cultura corporativa y el engagement organizacional, y se produce una reducción de la curva de aprendizaje y una mejor y más rápida adaptación a los cambios organizacionales, especialmente en los cambios de rol (Escuela de Mentoring, 2024). Esta adaptación acelerada tiene implicaciones directas sobre el bienestar: las personas que cuentan con acompañamiento en los momentos de transición o de adquisición de nuevas responsabilidades experimentan menos ansiedad, mayor confianza y un sentido más sólido de competencia.

El impacto de la mentoría en el bienestar: el segundo efecto que también transforma

Más allá de su efectividad como herramienta de transferencia del aprendizaje, la mentoría genera un segundo impacto igualmente relevante: el bienestar de las personas que participan en ella. Este efecto no es secundario ni accidental; es el resultado natural de una relación que combina acompañamiento, reconocimiento, confianza y propósito compartido.
El bienestar de los empleados se ha convertido en una prioridad para las empresas, y el mentoring está evolucionando para incluir aspectos relacionados con la salud mental y la resiliencia; cada vez más mentores están recibiendo formación en gestión del estrés, inteligencia emocional y equilibrio entre la vida personal y laboral, con el objetivo de ayudar a los colaboradores a desarrollar estrategias efectivas para afrontar los desafíos profesionales y personales (Nozion, 2025). Esta evolución del mentoring hacia una práctica que integra explícitamente el bienestar refleja el reconocimiento de que el aprendizaje y el bienestar están profundamente entrelazados.

Los programas de mentoring que incorporan prácticas de mindfulness, coaching en bienestar y estrategias de resiliencia están mostrando resultados positivos en términos de motivación y retención de talento (Nozion, 2025). Para el mentor, el impacto sobre el bienestar tiene además una dimensión de autorrealización de gran valor. El reto de ser mentor y aprender un nuevo rol estimula, autorrealiza y produce satisfacción personal por poder seguir aportando y contribuyendo de forma valiosa a la organización; los mentores además desarrollan más herramientas para desarrollar el talento y empoderar a las personas de sus equipos (Escuela de Mentoring, 2024). Este efecto de bienestar en el mentor —frecuentemente ignorado— convierte el programa en una inversión de doble retorno: desarrolla al mentee y fortalece el bienestar y la efectividad del propio mentor.

Condiciones organizacionales para que la mentoría transfiera y transforme

No toda mentoría genera transferencia del aprendizaje ni impacto en el bienestar. La diferencia entre una relación de mentoría que transforma y una que se convierte en una reunión periódica sin impacto real reside en las condiciones en que opera.

La primera condición es la estructura con propósito. Los modelos de mentoring efectivos incluyen la formulación del objetivo organizacional a lograr con identificación de indicadores de resultados que se medirán al inicio y al final del programa, alineando el objetivo individual con el organizacional como una destreza clave del proceso (Escuela de Mentoring, 2024). Sin esta alineación entre el propósito del mentee y las necesidades de la organización, la mentoría puede convertirse en un proceso de desarrollo desconectado de la realidad del trabajo.

La segunda condición es la calidad de la relación. La confianza entre mentor y mentee no es un elemento secundario del proceso; es su condición de posibilidad. Sin confianza, el mentee no comparte sus dudas reales, no expone sus errores, no se arriesga a aplicar lo nuevo. Sin confianza, el mentor no puede ofrecer retroalimentación honesta ni confrontar con cuidado las creencias que limitan el crecimiento. El mentoring es una relación de aprendizaje y desarrollo en la que el mentor brinda orientación, apoyo y consejo con el objetivo de impulsar el crecimiento profesional y personal del mentee, y la transferencia de conocimiento y experiencia permite aprender de las lecciones y experiencias previas del mentor en un entorno de confianza (Cesuma, 2025).

La tercera condición es el apoyo del entorno inmediato. La investigación sobre transferencia del aprendizaje señala consistentemente que el supervisor directo es el factor más determinante en si lo aprendido se aplica o no. Un liderazgo que reconoce y refuerza los nuevos comportamientos acelera la transferencia; uno que los ignora o los penaliza la bloquea, independientemente de la calidad del programa de mentoría.

Conclusión

La mentoría, cuando está bien diseñada y acompañada por las condiciones organizacionales adecuadas, es mucho más que un programa de desarrollo: es una infraestructura viva de transferencia del aprendizaje con efectos medibles sobre el cambio conductual, la motivación y el bienestar de todas las personas involucradas. A diferencia de los formatos de capacitación tradicionales, la mentoría aprende del contexto real, actúa sobre los obstáculos específicos de cada persona y construye la confianza relacional que hace posible el riesgo de aprender algo nuevo.

Las organizaciones que comprendan esto no solo mejorarán sus indicadores de transferencia formativa; construirán culturas donde aprender de otros sea una práctica cotidiana, donde el conocimiento circule con generosidad y donde crecer no sea una responsabilidad individual sino un compromiso colectivo. Ese es, en definitiva, el tipo de cultura donde las personas no solo aprenden más; también están mejor.

REFERENCIAS

Escuela de Mentoring. (2024). Impacto del mentoring en las organizaciones: una hoja de ruta para multiplicar el talento. https://www.escueladementoring.com/articulos/impacto-del-mentoring-en-las-organizaciones-una-hoja-de-ruta-para-multiplicar-el-talento/

Escuela de Mentoring. (2024). Gestión del cambio organizacional a través del mentoring. https://www.escueladementoring.com/articulos/gestion-del-cambio-organizacional-a-traves-del-mentoring/

Escuela de Empresas USFQ. (2022). Transferencia del Aprendizaje: investigación en contextos organizacionales. https://escueladeempresas.usfq.edu.ec/news/transferencia-aprendizaje/

Nozion. (2025). 7 tendencias en mentoring empresarial para 2025. https://www.nozion.es/blog/7-tendencias-en-mentoring-empresarial-para-2025/

Cesuma. (2025). El mentoring en el desarrollo profesional. https://www.cesuma.mx/blog/el-mentoring-en-el-desarrollo-profesional.html

Autor/a: Carolina Maliqueo
Directora +RedRH

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