Buena parte de lo que sabemos sobre cómo transitar este proceso con éxito proviene de las investigaciones y reflexiones de Guido Stein, profesor del IESE y referente en liderazgo y dirección de personas. Sus planteamientos ofrecen una base sólida para entender qué hace que un aterrizaje directivo sea efectivo. A partir de esas ideas, esta columna amplía y reinterpreta diez claves esenciales para quienes asumen una nueva responsabilidad de liderazgo.
- Preparar el terreno: aprender lo esencial y desaprender lo que ya no sirve
Cada nuevo rol trae consigo supuestos, hábitos y creencias que pueden no encajar en el nuevo contexto. Por eso, el primer paso es diseñar un plan deliberado de aprendizaje: qué necesito saber, qué debo validar y qué conviene dejar atrás.
Stein enfatiza la importancia de contrastar las ideas preconcebidas con la realidad. La transición exige humildad intelectual y curiosidad estratégica.
- Priorizar con rigor: elegir bien dónde poner la energía
El aterrizaje genera ruido, expectativas y múltiples demandas. La clave es identificar los pocos temas realmente críticos y concentrar la energía en ellos. Priorizar no solo ordena el trabajo: también reduce la ansiedad del equipo y evita señales contradictorias.
Los primeros logros deben ser concretos, visibles y alcanzables. Son la base de la credibilidad inicial.
- Identificar el talento: entender con quién se cuenta
Una de las decisiones más determinantes en un nuevo rol es comprender rápidamente quién está en el equipo, qué capacidades existen y qué brechas requieren atención. Stein subraya que la claridad temprana reduce incertidumbre, evita rumores y permite tomar decisiones con fundamento.
No hay atajos para construir relaciones de calidad. Escuchar, observar y conversar con profundidad es parte del trabajo estratégico del líder.
- Ser realista: las limitaciones también son una brújula
Todo nuevo rol viene acompañado de restricciones: recursos limitados, procesos heredados, estructuras rígidas o expectativas desalineadas. En lugar de verlas como obstáculos, conviene tratarlas como un marco que ayuda a enfocar esfuerzos.
Stein recuerda que demasiadas opciones pueden paralizar. Las limitaciones, en cambio, pueden activar la creatividad y facilitar decisiones más efectivas.
- Prudencia y decisión: actuar a tiempo sin precipitarse
Los equipos esperan dirección, pero también sensatez. La inacción prolongada genera desconfianza, pero la acción impulsiva puede erosionar la legitimidad. El equilibrio está en anticiparse con criterio, evaluar riesgos y actuar con oportunidad.
Como señala Stein, conviene adelantarse a los acontecimientos para gobernarlos, y no ser gobernados por ellos.
- Pensar con distancia: verse desde fuera
En un nuevo rol, cada palabra pesa más y cada gesto se interpreta con lupa. Por eso es fundamental detenerse periódicamente a reflexionar: ¿cómo está siendo percibido mi liderazgo?, ¿qué impacto tienen mis decisiones?, ¿qué señales estoy enviando sin querer?
Stein advierte que la promoción cambia la forma en que los demás interpretan al líder. Mirarse desde fuera —y apoyarse en observadores confiables— permite corregir el rumbo antes de que pequeños desajustes se conviertan en problemas mayores.
- Mantener la perspectiva de conjunto: mirar dentro y fuera
Un directivo no solo debe entender su área: debe comprender el negocio, el mercado, las tendencias y las fuerzas externas que condicionan la estrategia. Cuanto más alto se asciende, mayor es el riesgo de encerrarse en la lógica interna de la organización.
Stein insiste en que los resultados viven fuera de la empresa. El liderazgo efectivo requiere una mirada panorámica que conecte decisiones internas con dinámicas externas.
- Construir alianzas: el liderazgo no es un ejercicio solitario
La influencia de un directivo no depende solo de su equipo directo. Depende de su capacidad para relacionarse con pares, superiores y otras áreas. Las alianzas amplían la visión, facilitan la ejecución y abren puertas a oportunidades que no aparecen en los organigramas.
Stein destaca que el éxito depende tanto del trabajo con el propio equipo como de la calidad de las relaciones laterales y verticales.
- Practicar la empatía y la inteligencia política
Navegar un nuevo entorno implica interpretar señales, leer entre líneas, entender sensibilidades y gestionar tensiones. Las competencias sociales —escucha activa, adaptabilidad, autocontrol, empatía, persuasión— son tan importantes como las habilidades técnicas.
La inteligencia política, en el sentido que plantea Stein, no es manipulación: es comprensión profunda del contexto humano donde se toman las decisiones.
- Liderar con el ejemplo: la coherencia es la verdadera autoridad
Las personas cambian más por lo que observan que por lo que escuchan. Un líder que actúa con transparencia, toma decisiones difíciles con integridad y reconoce sus errores inspira confianza.
Stein recuerda que la autoridad formal abre la puerta, pero la coherencia personal es lo que la mantiene abierta.
Conclusión: la transición directiva es un proceso, no un salto
Asumir un nuevo rol directivo no es improvisación ni carisma. Es estrategia, observación, autoconciencia y capacidad de construir relaciones. Los líderes que transitan este proceso con método —como propone Guido Stein— no solo se adaptan más rápido: también generan impacto más profundo y sostenible.









