27 de marzo de 2026

Del cargo a las habilidades: por qué el modelo tradicional de talento ya no es suficiente

27 de marzo de 2026

Cada vez más organizaciones declaran que apuestan por las habilidades. Pocas se preguntan si lo que están construyendo es suficiente para que esa apuesta funcione de verdad.

Hay una frase que se repite cada vez más seguido en los equipos de RRHH: «estamos migrando hacia un modelo basado en habilidades». Se escucha en las presentaciones de estrategia, en los planes de desarrollo organizacional y en las conversaciones sobre el futuro del trabajo. Y tiene todo el sentido. Pero antes de entender por qué la ejecución suele fallar, vale la pena preguntarse: ¿de dónde venimos y por qué el mundo llegó a esta conclusión ahora?

Lo que se gestionaba antes: el modelo basado en cargos

Durante más de un siglo, la gestión del talento estuvo organizada en torno a una unidad fundamental: el cargo. Hoy, toda práctica de gestión del talento está basada en el puesto de trabajo. RRHH escribe descripciones de cargo, define compensaciones, crea organigramas y asigna formación, todo alrededor de roles predefinidos. Los managers contratan, dan retroalimentación, promueven y organizan sus equipos en torno a cargos. Y los colaboradores progresan en sus carreras moviéndose al siguiente cargo de mayor rango.

Este modelo tiene sus raíces en la Revolución Industrial, cuando las organizaciones necesitaban asignar personas a tareas específicas dentro de procesos de producción estandarizados. Según la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos (SHRM), la aparición de los primeros especialistas en personal a principios del siglo XX plantó las semillas de una gestión estructurada, con foco en contratar personas para hacer trabajo de fábrica. El cargo era la unidad de control: definía qué hacías, cuánto ganabas y hasta dónde podías llegar.

Con el tiempo, ese modelo evolucionó. En los años setenta y ochenta llegó la guerra por el talento, acelerada por la revolución tecnológica de fines de los noventa, lo que llevó a las organizaciones a construir funciones de reclutamiento más sofisticadas e invertir en retención, engagement y cultura. Luego vinieron los sistemas de gestión del desempeño, las evaluaciones por competencias, los planes de carrera en escalera. Cada nueva capa se construyó sobre la misma base: el cargo como eje ordenador de todo.

Bajo este enfoque, la gestión del talento se volvió estandarizada y orientada a procesos, centralizada en silos, con una visión de cadena de suministro que trata a la fuerza laboral como un recurso intercambiable que hay que gestionar al menor costo posible, en lugar de un activo único que hay que cultivar. Funcionó bien mientras el trabajo era estable y predecible. El problema es que esa estabilidad desapareció.

Por qué las habilidades se volvieron el tema central

La respuesta corta es que el mundo del trabajo cambió más rápido de lo que el modelo de cargos podía seguir.

Según el Informe sobre el Futuro del Empleo 2025 del Foro Económico Mundial, los empleadores esperan que el 39% de las habilidades centrales de los trabajadores cambie para 2030. No es un ajuste menor: es una transformación estructural del tipo de conocimiento que una organización necesita para operar. La vida media de las habilidades ha caído de entre 10 y 15 años a menos de 5, creando un juego permanente de ponerse al día entre las capacidades de la fuerza laboral y las demandas del mercado.

A esto se suma el impacto de la automatización y la inteligencia artificial. Entre 2025 y 2030, se espera que los cambios estructurales en la economía global impacten casi una cuarta parte de todos los empleos: el 22% de los roles actuales desaparecerá o será revisado completamente. En ese contexto, gestionar a las personas por el cargo que tienen hoy tiene cada vez menos sentido. Lo que importa es lo que saben hacer y lo que pueden aprender.

La investigación también empezó a mostrar resultados concretos para las organizaciones que hacían el cambio. Según Deloitte, las organizaciones con un enfoque basado en habilidades tienen un 107% más de probabilidades de ubicar el talento de forma efectiva y un 98% más de probabilidades de retener a sus mejores colaboradores. Además, las contrataciones basadas en habilidades tienen una permanencia un 9% mayor que las contrataciones tradicionales, según BCG, y los grupos de talento disponibles se expanden casi 10 veces cuando se usa un enfoque de habilidades primero, según LinkedIn.

Con esos números sobre la mesa, no sorprende que la conversación sobre habilidades haya tomado tanto espacio. El problema es que entre declarar la intención y construir algo que realmente funcione hay una brecha enorme, y la mayoría de las organizaciones todavía está del lado equivocado de esa brecha.

Cambiar el nombre no cambia el modelo

Cuando la mayoría de las organizaciones implementa un sistema basado en habilidades, lo que construye en la práctica es un registro administrativo más sofisticado. Define un marco de habilidades, alinea los programas de aprendizaje, crea perfiles con las capacidades requeridas y lanza evaluaciones anuales. Todo prolijo, todo bien documentado.

Pero en el fondo, lo que hicieron fue cambiar el vocabulario sin cambiar la lógica. En lugar de gestionar cargos como registros estáticos, ahora gestionan habilidades como registros estáticos. La etiqueta cambió. El problema de fondo, no.

Josh Bersin, uno de los investigadores más influyentes en el ámbito del talento y el futuro del trabajo, lo describe con precisión: construir una taxonomía de habilidades es una tarea compleja y debatible, pero hacerlo bien no garantiza que el sistema sea útil para tomar decisiones reales. La pregunta que un líder de negocio necesita responder no es «¿qué habilidades declaró tener esta persona en su evaluación de diciembre?». La pregunta es: «¿quién puede realmente hacer este trabajo hoy?». Y esa pregunta, en la mayoría de los sistemas actuales, no tiene una respuesta confiable.

El dato que nadie está tomando

Pensemos en cómo funcionan otros dominios dentro de una organización. Finanzas no opera sobre declaraciones anuales de cómo cree cada área que está gastando: opera sobre transacciones en tiempo real, normalizadas y trazables, que alimentan modelos de proyección. Ventas no planifica sobre la intuición del equipo: opera sobre datos continuos de actividad que se convierten en modelos de pipeline.

En gestión de talento, en cambio, el flujo es: registros de RRHH → herramientas que intentan tomar decisiones operacionales. En el medio falta algo esencial: una capa que traduzca de forma continua las señales reales del trabajo —qué proyectos lideró alguien, qué problemas resolvió, qué aprendizajes demostró en la práctica— en datos de capacidad actualizados, con niveles de confianza y noción del tiempo.

Sin esa capa, cada herramienta que se construye sobre los datos de habilidades hereda la misma incertidumbre. El resultado es que los líderes empiezan a ignorar las recomendaciones del sistema, porque su experiencia les dice que el dato no refleja la realidad. Y cuando eso ocurre, el sistema deja de usarse para las decisiones que más importan.

Por qué la IA no resuelve esto

Uno de los malentendidos más comunes hoy es creer que la inteligencia artificial va a solucionar el problema de los datos de habilidades. No es así. La IA no mejora datos débiles: los amplifica.

Si los datos de habilidades son estáticos, incompletos y diseñados para cumplimiento normativo, la IA va a producir recomendaciones que suenan plausibles pero que no son confiables. Las sugerencias de movilidad interna se sentirán genéricas. Los match entre personas y proyectos no van a coincidir con el juicio de los managers. Y la conclusión será «la IA no funciona para esto», cuando el problema real es que nadie le dio datos suficientemente buenos para trabajar.

El poder de la IA solo se traduce en impacto cuando alimenta un ecosistema conectado de inteligencia de habilidades que combina datos de aprendizaje, adquisición de talento y sistemas de desempeño. La IA provee la capa de inteligencia, pero el juicio humano provee la capa de sabiduría. Sin esa base, la promesa tecnológica queda en el aire.

La pregunta importante

Detrás de todo esto hay un problema de responsabilidad que pocas organizaciones han resuelto. RRHH es dueño de los registros. TI es dueño de los sistemas. Los líderes de negocio son dueños de los resultados. Pero nadie es responsable de los datos de habilidades como infraestructura operacional.

Nadie puede responder con autoridad: «¿este dato de capacidad es correcto para esta persona, en este contexto, hoy?». Y cuando nadie puede responder eso, la calidad del dato se deteriora silenciosamente. Los sistemas no fallan de forma ruidosa: simplemente dejan de usarse para lo que más importa.

Deloitte identifica que una organización basada en habilidades necesita cuatro pilares: una filosofía de talento compartida, un lenguaje común de habilidades, habilitadores de datos y tecnología integrados, y una gobernanza clara sobre quién es dueño de las habilidades en la empresa. El último punto —la gobernanza— es precisamente el que más organizaciones omiten o dejan para después.

Qué significa apostar de verdad por las habilidades

Apostar por las habilidades no es instalar una plataforma ni definir un marco. Es un cambio en la forma en que una organización entiende y opera su inteligencia sobre su propia gente.

Implica aceptar que los datos de capacidad necesitan ser dinámicos, no estáticos. Que una habilidad declarada hace un año tiene una fecha de caducidad. Que la evidencia de competencia no viene solo de cursos completados, sino de proyectos reales, de problemas resueltos, de decisiones tomadas.

Implica también reconocer que esto requiere una colaboración real entre RRHH y TI: RRHH trae el criterio sobre qué habilidades importan y qué señales indican competencia genuina; TI trae la capacidad de hacer que ese criterio opere de forma continua y confiable sobre datos reales. Ninguno puede hacerlo solo.

Y sobre todo, implica resistir la tentación de invertir en las herramientas visibles antes de tener una base de datos suficientemente confiable. Porque si la base no está bien construida, cada nueva herramienta repetirá el mismo ciclo: un piloto prometedor, problemas de calidad de datos, pérdida de confianza, abandono.

Una reflexión para los equipos de RRHH

Hay una trampa cómoda en este tema: hacer las cosas que parecen transformadoras sin serlo realmente. Definir un marco de habilidades se ve bien en una presentación. Lanzar un marketplace de talento genera entusiasmo. Asociar la IA a la gestión del desarrollo suena moderno.

Pero si lo que hay debajo sigue siendo un registro administrativo estático, todo eso es una capa de pintura sobre una estructura que no ha cambiado. Solo el 17% de las organizaciones cree que puede anticipar las habilidades que va a necesitar en alguna medida significativa, según Deloitte. Ese número revela cuán lejos está la mayoría de las organizaciones de tener una inteligencia real sobre su propia fuerza laboral.

La buena noticia es que las organizaciones que sí resuelven esto bien no necesariamente tienen la tecnología más avanzada ni el marco más sofisticado. Lo que tienen es claridad sobre quién es responsable de los datos, cómo se mantienen actualizados y qué nivel de confiabilidad se necesita para que soporten decisiones reales.

Esa claridad es más difícil de conseguir que cualquier herramienta. Y también es mucho más valiosa.

REFERENCIAS
  • Cantrell, S. et al. (2022, septiembre). *The skills-based organization: A new operating model for work and the workforce*. Deloitte Insights. https://www2.deloitte.com/us/en/insights/topics/talent/organizational-skill-based-hiring.html
  • (2023). *A skills-based model for work*. Global Human Capital Trends. https://www.deloitte.com/us/en/insights/topics/talent/human-capital-trends/2023/skills-based-model-end-of-jobs.html
  • Foro Económico Mundial. (2025). *Future of Jobs Report 2025*. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/
  • Bersin, J. (2023, julio). *Building a skills-based organization: The exciting but sober reality*. Josh Bersin Company. https://joshbersin.com/2023/07/building-a-skills-based-organization-the-exciting-but-sober-reality/
  • Bersin, J. (2023, septiembre). *Why it’s time for a new era in human resources: Enter Systemic HR*. Josh Bersin Company. https://joshbersin.com/2023/09/why-its-time-for-a-new-era-in-human-resources-enter-systemic-hr/
  • (2023). *Competence over credentials: The rise of skills-based hiring*. Boston Consulting Group.
  • (2023). *Skills-first: Reimagining the labor market and breaking down barriers*.
  • (s.f.). *History of human resource management*. Society for Human Resource Management.
  • Deuss, R. (2025). *The hidden cost of skills gaps: Why 85 million jobs could be vacant by 2030*. Inspiring Workplaces.
Carolina Maliqueo
Directora +RedRH

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