En un entorno donde la atención es un recurso escaso y las relaciones laborales y comerciales se vuelven cada vez más híbridas, las marcas están buscando nuevas formas de conectar. Y lo están haciendo desde un lugar inesperado: la experiencia.
Es el caso de Previgestión y Ubits, dos grandes empresas asociadas a nuestra Red, que recientemente organizaron eventos distintos, pero con una lógica común. Una cata de vino y una cata de ron, respectivamente, fueron el punto de partida para abrir conversaciones sobre gestión de personas, presentar soluciones, fortalecer redes y activar sus marcas.
¿Una moda? Todo indica que no. Esta tendencia se alinea con una transformación más profunda en la forma en que las empresas están comprendiendo la relación con sus públicos: desde la experiencia, no desde la transacción.
Por qué las experiencias funcionan
Las experiencias bien diseñadas no son sólo agradables: son estratégicas. Permiten generar un entorno de confianza, distendido pero cuidado, donde los equipos comerciales o de marca pueden abrir diálogos más genuinos, relevantes y sostenibles.

Desde el punto de vista del marketing relacional y el posicionamiento B2B, este tipo de acciones tienen un alto potencial de retorno cuando están alineadas con la identidad de marca y el perfil del público. En palabras simples: no se trata solo de compartir un brindis, sino de construir una experiencia que represente el valor de lo que la empresa tiene para ofrecer.
¿Qué están logrando estas acciones?
- Generar recordación positiva: asociar la marca a una experiencia placentera mejora la percepción y fideliza.
- Facilitar conversaciones relevantes: el ambiente informal baja barreras y permite abordar temas complejos desde otro lugar.
- Fortalecer comunidad: este tipo de encuentros no solo conectan con potenciales clientes, sino también con aliados estratégicos y redes de influencia.

Una invitación a diseñar con intención
Desde la Red de Recursos Humanos vemos con entusiasmo cómo estas iniciativas reflejan una evolución en las formas de conectar, comunicar, prospectar y relacionarse. No se trata de reemplazar las instancias técnicas o formales, sino de complementarlas con propuestas que pongan a las personas al centro, generando valor desde lo emocional, lo sensorial y lo vivencial.
Y tú, ¿qué tipo de experiencias estás creando para abrir conversaciones que importan?









