31 de marzo de 2026

Upskilling y reskilling: cómo desarrollar las habilidades que tu organización necesita hoy

31 de marzo de 2026

Capacitar a los colaboradores ya no es una opción de bienestar. Es una decisión estratégica que define si una organización puede seguir siendo competitiva en los próximos años.

Hay una brecha que crece silenciosamente en la mayoría de las organizaciones: la distancia entre las habilidades que sus colaboradores tienen hoy y las que el negocio va a necesitar mañana. No es una amenaza lejana ni abstracta. Según McKinsey, el 87% de los ejecutivos y gerentes reporta que ya está experimentando brechas de habilidades en su fuerza laboral, o espera enfrentarlas en los próximos años. Y el ritmo al que esa brecha se abre es cada vez más rápido.

En ese contexto, el upskilling y el reskilling han dejado de ser iniciativas de desarrollo para convertirse en una prioridad estratégica. La pregunta ya no es si invertir en ellos, sino cómo hacerlo de forma que realmente genere impacto.

Distinciones importantes

Antes de hablar de estrategia, vale la pena aclarar dos conceptos que suelen usarse de forma intercambiable pero que tienen lógicas distintas:

  • Upskilling: es el proceso de desarrollar habilidades avanzadas en alguien para que pueda desempeñarse mejor en su rol actual. Es profundizar lo que ya existe.
  • Reskilling: es preparar a alguien en un conjunto de habilidades nuevas para que pueda asumir un rol diferente dentro de la organización. Es abrir un camino nuevo.

Ambos son necesarios, pero responden a preguntas distintas. El upskilling responde a ¿cómo hacemos que nuestra gente sea mejor en lo que hace?. El reskilling responde a ¿cómo aprovechamos el talento que ya tenemos para cubrir necesidades que no podemos o no queremos contratar externamente?.

¿Por qué ahora?

El Foro Económico Mundial proyecta que el 39% de las habilidades centrales de los trabajadores cambiará para 2030. No es un ajuste menor: es una transformación estructural que afecta a todos los sectores. La vida media de las habilidades ha caído de entre 10 y 15 años a menos de 5, creando un juego permanente de ponerse al día entre las capacidades de la fuerza laboral y las demandas del mercado.

A esto se suma el impacto de la inteligencia artificial. El 75% de los trabajadores en Estados Unidos espera que sus roles cambien significativamente debido a la IA en los próximos cinco años, pero solo el 45% ha recibido algún tipo de formación reciente, según un informe especial de Indeed. Esa brecha entre la expectativa y preparación real es exactamente donde el upskilling y el reskilling pueden marcar la diferencia.

Lo que muchas organizaciones todavía subestiman es la disposición de sus propios colaboradores. Una encuesta de PwC reveló que el 77% de los trabajadores está dispuesto a aprender nuevas habilidades o reentrenar completamente. El desafío no es convencer a la gente de que aprenda: es crear las condiciones organizacionales para que ese aprendizaje ocurra de forma relevante y sostenida.

¿Por qué conviene internamente?

Más allá del desarrollo individual, el upskilling y el reskilling tienen un retorno de inversión concreto y medible para la organización.

Contratar externamente para cubrir brechas de habilidades es costoso, lento e incierto. Desarrollar internamente, en cambio, permite aprovechar el conocimiento institucional que ya existe, fortalecer la cultura y generar trayectorias de crecimiento que retienen talento. Las organizaciones que adoptan la IA más temprano ponen mayor énfasis en el desarrollo del talento, con dos tercios de ellas contando ya con un enfoque estratégico para abordar sus requerimientos futuros de habilidades, según McKinsey.

Los números son elocuentes: según Gartner, la disposición de los colaboradores a esforzarse más en su trabajo es un 27% mayor, y la intención de quedarse en la organización es un 33% más alta en empresas con mercados internos de talento más dinámicos. Y el costo de no hacerlo también es real: la rotación por falta de oportunidades de desarrollo cuesta en promedio USD 49 millones anuales a una organización.

Cómo construir un programa que funcione 

  1. Partir desde las brechas reales

Todo programa de upskilling o reskilling que valga la pena empieza con una pregunta honesta: ¿qué habilidades necesita el negocio que hoy no tiene? No desde la intuición del equipo directivo, sino desde un análisis sistemático que cruce las capacidades actuales de los colaboradores con los requerimientos estratégicos de la organización.

Ese análisis debería cubrir tanto habilidades técnicas —las que cambian más rápido y son más visibles en el diagnóstico— como habilidades blandas, que son las que más se subestiman y más impacto tienen en el desempeño real. Sin ese diagnóstico, cualquier inversión en formación corre el riesgo de ser genérica e irrelevante.

  1. Personalizar los caminos de aprendizaje

La formación genérica no funciona. Lo que desarrolla habilidades reales es el aprendizaje relevante para la persona, su rol y sus aspiraciones. Esto significa diseñar rutas de aprendizaje que consideren desde dónde parte cada colaborador, hacia dónde quiere ir y qué necesita la organización de él.

Un coordinador de marketing que quiere migrar hacia análisis de datos no necesita el mismo recorrido que un desarrollador que necesita actualizarse en inteligencia artificial. La personalización no es un lujo: es la condición para que el aprendizaje se traduzca en cambio de comportamiento real.

  1. Integrar el aprendizaje al flujo de trabajo
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Uno de los errores más comunes es diseñar programas de formación como eventos separados del trabajo cotidiano: talleres de un día, cursos extensos fuera del horario laboral, módulos que los colaboradores completan por obligación. La evidencia muestra que nueve de cada diez personas reconocen que la formación formal sería útil, pero siete de cada diez ignoran los videos de inducción y prefieren el aprendizaje experiencial y el aprendizaje social entre pares.

El aprendizaje que genera impacto ocurre en el flujo del trabajo. Microcontenidos accesibles en el momento en que se necesitan, proyectos reales donde aplicar lo aprendido, mentorías que conectan el conocimiento con la práctica diaria. Esa integración es lo que convierte la formación en hábito y el hábito en habilidad. 

  1. Construir una cultura donde aprender sea parte del trabajo 

El upskilling y el reskilling no son programas de RRHH: son una apuesta cultural. Si los líderes no modelan el aprendizaje continuo, si el desempeño se evalúa solo por resultados de corto plazo y no por desarrollo de habilidades, o si los colaboradores sienten que formarse es tiempo que les quitan para hacer su trabajo, ningún programa va a prosperar.

Las organizaciones que lo hacen bien integran el aprendizaje en las conversaciones de desempeño, reconocen públicamente el desarrollo, y dedican tiempo protegido para que la gente pueda aprender sin culpa. No es una cuestión de recursos: es una cuestión de señales culturales.

  1. Hacer visible la conexión entre aprender y crecer

Una de las razones por las que los programas de upskilling pierden tracción es que los colaboradores no ven claramente cómo lo que están aprendiendo los lleva a algún lado. Si el aprendizaje no tiene consecuencias visibles en términos de oportunidades, responsabilidades o compensación, la motivación se diluye rápidamente.

Las organizaciones que tienen más éxito son las que conectan explícitamente el desarrollo de habilidades con las trayectorias internas disponibles: «si desarrollas estas capacidades, puedes optar a este tipo de roles». Esa transparencia convierte el aprendizaje en una inversión personal, no en una obligación. 

  1. Medir lo que importa

Demasiados programas de formación miden lo fácil: tasas de completitud de cursos, horas de formación por colaborador, nivel de satisfacción con los talleres. Esos indicadores no dicen nada sobre si las habilidades realmente cambiaron ni si ese cambio tuvo impacto en el negocio.

Los indicadores que valen la pena son otros: ¿aumentó la tasa de movilidad interna? ¿Bajó el tiempo para cubrir roles críticos? ¿Mejoró la retención entre quienes participaron en los programas? ¿Qué porcentaje de los roles estratégicos se están cubriendo desde adentro? Esos números son los que permiten sostener el argumento de inversión frente a la dirección y afinar el programa en el tiempo.

El rol de los líderes y la mentoría

Ningún programa de upskilling funciona sin el compromiso activo de los líderes. Son ellos quienes tienen la influencia directa sobre si sus equipos dedican tiempo al aprendizaje, si las nuevas habilidades se aplican en el trabajo real y si el desarrollo se refleja en las oportunidades que se ofrecen.

La mentoría es uno de los mecanismos más efectivos para acelerar ese proceso. Cuatro de cada cinco organizaciones que tienen programas formales de mentoría los consideran efectivos para abordar las brechas de talento, según Fortune. Y McKinsey identifica la falta de desarrollo profesional como la razón número uno por la que los colaboradores dejan sus empleos. La mentoría no reemplaza la formación estructurada, pero conecta el conocimiento con la realidad organizacional de una forma que ningún curso puede hacer.

Una advertencia necesaria

Upskilling y reskilling pueden convertirse fácilmente en iniciativas que se ven bien en el reporte anual pero que no cambian nada en la práctica. El riesgo más común es invertir en formación sin cambiar el contexto en el que esa formación debería aplicarse. Si se espera que los colaboradores se formen o reconviertan, pero sus roles no cambian para reflejar las nuevas habilidades, el resultado más probable es frustración, especialmente si la organización sigue contratando externamente para cubrir esas mismas capacidades. En ese escenario, la organización puede terminar formando a la fuerza laboral de la competencia.

El aprendizaje genuino requiere que el entorno también cambie: que los nuevos conocimientos tengan espacio para aplicarse, que los incentivos refuercen los comportamientos nuevos y que los líderes modelen lo que esperan de sus equipos.

  1. ¿Tu organización tiene claridad sobre las habilidades que necesita desarrollar en los próximos dos años?
  2. ¿Cómo están conectando hoy el aprendizaje con las trayectorias reales de sus colaboradores?
REFERENCIAS
Carolina Maliqueo
Directora +RedRH

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