Keren Castellano CEO y Fundadora de To Contact
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La transformación digital y la irrupción de la inteligencia artificial han acelerado un cambio silencioso pero profundo: las competencias que eran suficientes hace cinco años hoy ya no garantizan empleabilidad. Frente a esto, dos conceptos están marcando la pauta en las estrategias de desarrollo de talento: reskilling y upskilling.
“El aprendizaje continuo ya no es opcional. Es una responsabilidad personal y empresarial. Las organizaciones que no invierten en formar a sus equipos se estancan, y las personas que no se actualizan se desconectan de las oportunidades”, afirma Keren Castellano, directora de To Contact, firma especializada en headhunting ejecutivo.
El reskilling —o reentrenamiento— consiste en adquirir nuevas competencias para asumir roles distintos cuando el puesto actual se vuelve obsoleto. Por ejemplo, un administrativo que aprende análisis de datos o automatización de procesos puede reconvertirse hacia áreas más estratégicas.
En cambio, el upskilling —o perfeccionamiento— implica profundizar las habilidades ya existentes para mejorar el desempeño en el mismo rol. Un gerente financiero que se forma en fintech, blockchain o inteligencia artificial aplicada a las finanzas es un buen ejemplo de esta evolución.
Ambos procesos comparten un mismo principio: la velocidad de los cambios tecnológicos ha acortado drásticamente la vida útil de las competencias. Lo que antes servía por una década, hoy puede quedar desactualizado en dos o tres años.
Desde la mirada de To Contact, esto tiene un doble impacto:
- Personal, porque quienes invierten en su aprendizaje se vuelven más empleables, más flexibles y con mayor proyección.
- Empresarial, porque las compañías que desarrollan talento interno aumentan su capacidad de innovación y adaptación frente a los cambios del entorno.
“El mercado no solo busca experiencia, busca capacidad de aprendizaje. Los profesionales más valiosos son los que entienden que su formación nunca termina”, enfatiza Castellano.
Hoy, aprender es parte del trabajo. Ya no se trata de acumular títulos, sino de mantener una mentalidad abierta, explorar nuevas herramientas y cultivar habilidades humanas —como la empatía, la comunicación o el pensamiento crítico— que ninguna máquina puede reemplazar.
En el mundo que viene, la mejor estrategia profesional no es resistirse al cambio, sino aprender a moverse con él.



