Banner Red News (8)

Se acabaron las mascarillas… ¿Se mantiene el modelo híbrido?

Por Catalina Olivares, Grupo Avanza

 

Desde el 1 de octubre, las autoridades permitieron el libre tránsito de las personas sin el uso de mascarillas, se eliminaron los aforos y ya no es requisito la exigencia del pase de movilidad. El COVID continúa, pero a menor escala y con la mayoría de la población con varias dosis de la vacuna en el organismo. El mundo parece volver a lo que era antes de 2020, y cabe preguntarse qué es lo que está ocurriendo en los espacios laborales después de casi dos años de teletrabajo.

Esta no es una interrogante que sólo nos estamos planteando los chilenos, es más bien algo mundial. Empresas de distintos países están incorporando nuevos modelos de trabajo post pandemia. Algunas, por la naturaleza de sus funciones, debieron regresar a un formato 100% presencial. Otras optaron por continuar con el trabajo a distancia, en especial aquellas que cuentan con colaboradores ubicados en diferentes zonas geográficas o prefirieron reducir los gastos de arrendar y mantener una oficina. Hay otras que están en un punto intermedio o modelo híbrido, donde las personas acuden presencialmente algunos días a la semana a la oficina y el resto del tiempo trabajan desde sus hogares. La decisión puede ser pactada con sus superiores o tomada de manera personal.

Esta última opción suena como una propuesta altamente flexible y parece ser la favorita de muchos. Un estudio realizado este año por WeWork reveló que un 88% de los chilenos considera que el trabajo híbrido es el modelo ideal post pandemia. Tanto los millennials (49%), como la Generación Z (40%) y los Baby Boomers (67%) declararon su preferencia por trabajar dos días presenciales y tres remotos.

Pero no todo es tan positivo y es importante tener en cuenta que este formato presenta también algunas desventajas. Muchas personas fueron afectadas durante la pandemia no sólo con lo más obvio (enfermarse del virus), sino que además sufrieron otros daños que no se ven a simple vista y que todavía los afectan, como por ejemplo, la pérdida de un ser querido, los efectos mentales que produjeron los meses de encierro y aislamiento, e incluso hay quienes lidian con la inquietud de participar de actividades sociales donde se encuentren más de 3 o 4 personas.

Por eso, una empresa que se preocupa por el bienestar de sus equipos no debería suponer que porque ya no usamos mascarillas, el problema está resuelto de manera automática desde el 1 de octubre. Tampoco sirve experimentar y obligar a las personas a regresar determinados días a la oficina sin antes ahondar en sus temores y aprehensiones. Hay que tener en cuenta que muchos trabajadores aún sienten miedo y recelo a volver al modelo presencial y esto no tiene ninguna relación con la edad, el género o el desempeño profesional. Si los forzamos, estamos generando una tremenda presión y poniendo en jaque la salud mental que algunos han tardado meses en volver a componer.

Me parece que la palabra clave es flexibilidad, pero más que aplicarla al modelo de trabajo de cada empresa, lo recomendable es que la apliquemos hacia las personas, quienes son realmente el centro de la organización. Si ellos están bien, lo demostrarán con un buen desempeño y armonía dentro de los equipos. En caso contrario, todos podemos pagar un alto costo que podríamos evitar si nos preocupamos a tiempo por su bienestar.

 

 

¡Comparte esta historia!

Facebook
Twitter
LinkedIn
Google+
Telegram